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Odaia va al Gan

Una aventura por las calles del barrio

1
Odaia despertándose

Buenos días, Odaia

Odaia abrió los ojos de a poquito. La luz de la mañana entraba por la ventana y le hacía cosquillas en la cara.

Se estiró en la cama, bostezó bien grande y se quedó un ratito mirando el techo. Hoy iba a ser un día especial, lo podía sentir.

Se levantó de un salto, lista para empezar la aventura.

2
Papi lleva a Odaia al Gan

Papi la lleva al Gan

Papi ya estaba listo esperándola. Le acomodó la mochila, le dio un beso en la frente y salieron juntos de casa.

De la mano, caminaron por la vereda rumbo al Gan. Odaia le contaba todo lo que iba a hacer hoy y Papi la escuchaba con una sonrisa.

El camino al Gan era cortito, pero a ella le gustaba porque era un ratito solo con Papi.

3
Odaia en el colectivo

Arriba del colectivo

Lo primero fue subirse al colectivo. Odaia se sentó junto a la ventanilla y apoyó la cara contra el vidrio.

Desde ahí arriba todo se veía diferente: las casas más chiquitas, la gente más apurada, los autos como juguetes.

El colectivo avanzaba despacito y ella miraba todo con los ojos bien abiertos, sin perderse nada.

4
Odaia camina por la calle

La calle de siempre

Odaia se bajó del colectivo y empezó a caminar. El sol ya estaba alto y el aire olía a pan recién hecho.

Le gustaba caminar por la vereda, mirar las hojas en el suelo y escuchar los ruidos del barrio que se despertaba de a poco.

Hoy, sin embargo, algo era distinto. Tenía la sensación de que una aventura la estaba esperando a la vuelta de la esquina.

5
Odaia con su mochila en la calle

La mochila de las sorpresas

Odaia llevaba su mochila puesta, bien ajustada a la espalda. Adentro guardaba todo lo necesario para un día de exploración.

Una galletita para el camino, su juguete favorito y un par de medias extra, por las dudas.

Caminaba con paso decidido, como quien sabe exactamente a dónde va, aunque en realidad solo seguía su curiosidad.

6
Niños jugando en la plaza

La plaza de los amigos

Al doblar la esquina, Odaia encontró la plaza llena de chicos. Había risas, gritos y el ruido de las hamacas yendo y viniendo.

Se acercó despacito, un poco tímida al principio. Pero enseguida alguien la invitó a jugar y ya no paró más.

Corrieron, saltaron y se tiraron por el tobogán hasta que les dolía la panza de tanto reírse.

7
Odaia paseando con su cochecito de juguete

El paseo del cochecito

Después de jugar en la plaza, Odaia encontró su cochecito de juguete esperándola. Lo agarró con las dos manos y empezó a empujarlo por la vereda.

Iba despacio, con cuidado, como si adentro del cochecito viajara alguien muy importante.

Los vecinos la saludaban al pasar y ella les respondía con una sonrisa enorme, sin soltar el cochecito ni por un segundo.

8
Odaia y Papi comiendo rica comida

Rica comida con Papi

Después de un día lleno de aventuras, Odaia y Papi se sentaron a comer juntos.

La comida estaba riquísima. Odaia comía con ganas mientras le contaba a Papi todo lo que había hecho: el colectivo, la calle, los amigos de la plaza, el cochecito.

Papi la escuchaba y se reía. No había nada mejor que terminar el día así, juntos, con la panza llena y el corazón contento.

Fin

Gracias por leer